8 hábitos para mejorar tu autoestima

Te has criticado a ti mismo durante años, y no ha funcionado. Prueba de halagarte y observa qué ocurre Louise L. Hay

La autoestima, es la valoración que hacemos de nosotros mismos y es uno de los factores que más influyen en nuestro bienestar personal. Es nuestra autoimagen interna seamos o no conscientes. Una autoestima alta es clave para relacionarnos con con el entorno y con los demás de forma positiva.
Tener una autoestima alta o baja depende básicamente de cuatro factores:

1. Nuestros triunfos en el pasado y el reconocimiento que estos nos brindaron
2. Las áreas asociadas a estos triunfos, si son significativas para nosotros
3. El interés y respeto que recibimos de los demás
4. La interpretación externa o interna que hacemos de los sucesos negativos que vivimos y hemos vivido.

Tener una autoestima sana, es quererte y confiar en ti misma. Una buena autoestima es claramente potenciadora y expansiva, nos ayuda a reconocer y experimentar nuestro valor. Por el contario una autoestima baja es limitadora, dolorosa y nos impide desarrollar todo nuestro potencial. Llegados a este punto, probablemente te preguntes:

 

¿Cómo puedo aumentar mi autoestima?
Cambiando de hábitos, cambiando la forma de interpretar tu vida, analizando las interpretaciones negativas que haces de los hechos y creando nuevos pensamientos que fomenten el crecimiento de tu autoestima. Veamos cuáles son estos hábitos:

 

  1. Acaba con tu voz crítica, seguro que sabes a qué voz me refiero, esa vocecilla interna que te dice cosas negativas y hace que tengas pensamientos destructivos tipo: “nunca lo haré bien” “jamás lo conseguiré” o “no le gusto o caigo bien a esa persona”. Este tipo de pensamientos no te aportan nada bueno y te dejan en la misma situación, o peor, que estabas. Remplaza tus pensamientos negativos por otros positivos: “todavía no lo estoy haciendo como me gustaría, pero lo conseguiré” o “Quizá no le gusto a esta persona, pero a esta, a esta y a esta sí y eso no significa que sea mejor ni peor” o “No tengo que gustarle a todos ni caerle bien a todos”. Toma consciencia de tu diálogo interno, préstale atención y, en cuanto detectes tus pensamientos negativos y destructores, páralos con rotundidad diciéndote a ti misma ¡stop! o ¡Basta ya!, o cualquier palabra que te sirva para romper el bucle de pensamientos negativos en el que estés. Lo que pretendemos es tomar conciencia de nuestros pensamientos negativos para que no nos influyan; no se trata de negar nuestros pensamientos negativos, ya que lo único que conseguiríamos sería empeorar la situación, se trata de que reconozcas qué sientes, lo aceptes sin juzgarte y lo sustitutas por un pensamiento constructivo.
  2. No busques la aprobación de los demás. Buscar la aprobación de los demás es algo que si no somos conscientes hacemos constantemente, por ejemplo, al pensar si el vestido que te pones gustará a las demás, o al tomar una decisión importante basada en opiniones de terceros, o al no expresar nuestra opinión pensando que quizá no agrade o lo que es peor que no interese a los demás. Tu valía no depende de la opinión de los demás. Cuando vayas a hacer cualquier cosa o tomar una decisión, presta atención si estás pensando en qué opinarán los demás, si es así, para y pregúntate: ¿si fuera absolutamente libre qué haría o qué elegiría? Una forma de adquirir este hábito es expresar tu opinión en contra de la de los demás, de forma asertiva y educada. Empieza con pequeñas cosas, para ir ganando confianza y descubre lo beneficioso que puede ser para ti.
  3. Haz autoafirmaciones a diario. Las afirmaciones son declaraciones positivas que describen con palabras un deseo, situación o meta. Estas declaraciones que en realidad son autosugestiones, repetidas de manera constante influencian el subconsciente.
    La repetición constante de una afirmación lleva a una creencia. Cuando tenemos una nueva creencia arraigada, las cosas empiezan a suceder. Cuando cambiamos la manera de ver las cosas, las cosas cambian a nuestro alrededor. Por si te sirve de base de inspiración te dejo algunas afirmaciones a modo de ejemplo y si quieres puedes crear tus propias afirmaciones o buscar en Internet aquellas que más te gusten. Apúntalas en una tarjeta y repítelas al menos durante 21 días, a la hora de levantarte y al acostarte y si te acuerdas durante el día. Si las puedes hacer delante del espejo mejor.
    a. Me quiero y me acepto tal como soy.
    b. Me siento feliz y cómoda siendo yo misma.
    c. Disfruto de mi compañía, me gustan mi cuerpo y mi espíritu.
    d. Me quiero a mí misma, por tanto, cuido de mi cuerpo con amor.
  4. Haz ejercicio y come sano. El cómo nos vemos afecta a nuestra autoestima. Si no te gusta la imagen que el espejo te devuelve, tu autoestima sigue bajando, por el contario si te gusta lo que ves, tu autoestima sube, al igual que tu energía, tus ganas de hacer y ponerte lo que sea, etc. Te voy a revelar un secreto que estoy convencida que de algún modo ya sabes, la única responsable de la imagen del espejo eres tú. Mírate con ojos amorosos, no es lo mismo mirarte ahora con 50 que cuando tenías 30, y cuídate para conseguir la imagen con la que tú te sientas a gusto, libre de clichés externos y cargada aceptación.
  5. Sal con tus amigos y socializa. Relacionarnos con otras personas, nos obliga a no poner el foco en nosotras mismas y, nos permite abandonar nuestro diálogo interno. Quizá hayas tenido malas experiencias relacionándote con los demás de niña y te cuesta relacionarte con los demás. No importa, lo que te pasara en el pasado no tiene porqué pasarte ahora ni en el futuro. Socializar es uno de los amortiguadores más potentes del estrés. Fuérzate a salir un poco más, aunque te dé pereza y comparte momentos de tu vida con gente positiva.
    Si eres de las personas que se sienten incómodas relacionándote con los demás, los siguientes ejercicios te ayudarán a mejorar tus habilidades sociales:
    a. Explícale y háblale de un tema que te apasione, a alguien con quien no lo haces normalmente.
    b. Saluda afectivamente cada vez a más personas, y escucha lo que tengan que decirte.
    c. Todos los días empieza a preguntar a los que te rodean, “¿cómo estás hoy?”
    d. Empieza a expresar tus sentimientos y opiniones a tus amigos y compañeros a pesar de sentir temor o ansiedad.
  6. No seas perfeccionista, es un rasgo muy destructivo y nos paraliza. Cuando todo tiene que ser perfecto, cuando lo tienes que hacer todo perfecto, estás focalizando en lo negativo y tu atención se centra en encontrar los errores; entonces no acabas nada porque no está perfecto y te frustras y baja tu autoestima. Para acabar con este tipo de situaciones pon fecha límite a tus proyectos y cambia tu enfoque, prueba a sustituir tiene que ser/estar todo perfecto por lo haré lo mejor posible y si cometo algún error es normal y además puedo aprender de ello.
  7. Cuida tu lenguaje no verbal. En el punto número uno, hemos visto la importancia de tener un buen diálogo interior, además es importante que utilices un lenguaje positivo contigo misma, borra de tu vocabulario expresiones tipo “soy tonta” “soy un desastre” o cualquiera de estas lindezas que tan alegremente te puedas estar diciendo y que no te atreverías a decirle a alguien que quieres de verdad. Y sonríe y ríe, aunque al principio sea una sonrisa forzada, nuestro cerebro no distingue si es verdadera o falsa, segrega un neurotransmisor cerebral llamado dopamina muy relacionado con los estados de bienestar psicológico y acabas cambiando tu estado emocional. Las personas sonrientes y con una postura corporal expansiva, brazos abiertos como en disposición de acoger generan más simpatía.
  8. Acéptate. Si no te gusta algo cámbialo, si no puedes cambiarlo cambia tu actitud. Sólo cuando aceptamos nuestros límites somos capaces de superarlos.

Aprende a creer en ti y deja volar a la mujer empoderada que escondes en tu interior. Redescúbrete.