AUTO-SABOTAJE, ¿QUÉ ES Y CÓMO EVITARLO?

Definitivamente una de las cosas que más nos asusta es brillar. Parece una paradoja porque si nos preguntan, la mayoría de las personas decimos que nos gustaría ser exitosas en lo que hacemos y en nuestra vida en su conjunto.

Según un estudio realizado en la Universidad de Scranton- Pensilvania, solo el 8% de las personas alcanzará su sueños; y es que chicas ¡somos nuestras propias enemigas! La dilación, la duda, la negación y la pereza son solo algunas de las formas en que evitamos alcanzar el verdadero éxito. 😱

 

¿QUÉ ES EL AUTO-SABOTAJE?

El auto-sabotaje no es mas que una estrategia equivocada de rescatarnos de nuestros propios sentimientos negativos.

Básicamente el auto-sabotaje son aquellos actos o conductas INCONSCIENTES que nos impiden alcanzar nuestros logros. Dicho de otro modo, es cuando nuestra mente se convierte en nuestra peor enemiga evitando que consigamos aquello que queremos. Y créeme si te digo que no siempre nos damos cuenta de ello.

¿Te suena esta situación?

Has decidido que empiezas la operación biquini y a la que tienes una tentación delante eres incapaz de resistirte, o quizá te pasa con el propósito que te has puesto de estudiar, ir al correr, ser disciplinada en tu trabajo, escribir cada día en las RRSS o en cualquier otro propósito.

Si te reconoces en alguna de esta situaciones y por favor no te cuelgues la etiqueta de «soy vaga» o «no tengo fuerza de voluntad» como veo que a menudo han hecho algunas de mis clientas. Déjame que te diga que si lo haces estás simplificando mucho, lo más probable es que te estés auto-saboteando y ni siquiera lo sepas. 

El auto-sabotaje  toma especial importancia en un proceso de reinvención 0 de emprendimiento, no llegan los resultados y nos desanimamos, nos cuestionamos y hay quienes incluso abandonan teniendo un gran talento y mucho que aportar a la sociedad.

¿Te estás auto-saboteando?

Comparto algunas de las formas más habituales de biocotearnos, y en las que confieso que me reconozco.

No acabas las cosas

Empiezas muchas cosas y las dejas a medias o les dedicas mucho tiempo pero cuando están casi acabadas las abandonas con cualquier pretexto.

Si revisas te darás cuenta de que esta estrategia la has utilizado a lo largo de tu vida, ya sea abandonando la carrera a punto de acabarla, o dejando un trabajo justo antes de un posible ascenso, no acabando proyectos.

Todo lo que hacemos tiene una intención positiva en este caso la intención es protegernos, porque está claro que si nunca acabas nada no tendrás  que enfrentarte al posible «fracaso» a «no estar a la altura» o «no saber lidiar con el éxito», «estar en el punto de mira», «ser desleal con tu clan familiar» y muchos otros.

La otra cara de la moneda es que tampoco descubrirás el inmenso placer que se siente al conseguir tus objetivos y demostrarte a ti misma que eres capaz, que estás a la altura, que eres inteligente y que a pesar del miedo puedes,

Postergas ¿a dónde se fue el día?

Esta también es muy común, sabemos que tenemos que hacer una determinada acción y «por alguna misteriosa razón» nos distraemos con mil cosas que no son mi urgentes ni importantes y dejamos que el tiempo casi se agote para garantizarnos que si no sale del todo bien es lógico porque «claro como lo he hecho con tan poco tiempo, no me he podido emplear a fondo y es normal que los resultados no sean buenos»

En definitiva esta estrategia la utilizamos para evitar ser juzgados, no sea que dedicando tiempo y esfuerzo no salga perfecto y se descubra que no somos competentes. Lo que hay detrás es puro miedo a brillar.

Eres una perfeccionista.

¡Cuántas veces lo habré oído, yo! Y reconozco que yo misma he utilizado y a veces sigo utilizando esta malísima estrategia.

Hace años cuando me decían venga Margarita, mejor hecho que perfecto, me temblaban las piernas, porque para mi entregar un proyecto, dar una charla o hacer una formación que no cumplía con «mi estándar de calidad» era lo peor, en el fondo lo único que conseguía era estresarme y no disfrutar.

Cuando dejé de trabajar por cuenta ajena y empecé mi emprendimiento, la situación era diferente pero mi comportamiento era el mismo. Recuerdo que mis compañeros del máster empezaban a hacer sus primeras sesiones y yo me sentía incapaz de ofrecer mis servicios como coach diciéndome a mi misma que no estaba suficientemente preparada, hasta que no haga las sesiones perfectas no las puedo hacer, etc. y claro para hacerlo «perfecto» hay que practicar y eso suponía exponerme de nuevo a no estar a la altura. Una pescadilla que se muerde la cola.

Lo solucioné cambiando mi discurso y enfoque, dejé de enfocarme en mi (lo tengo que hacer perfecto para proteger mi imagen) para enfocarme en el beneficio que podía suponer para el otro.  Me puse en «modo aprendizaje» y de antemano me di permiso para no hacerlo todo perfecto incluso de equivocarme y con eso me atreví a pasar a la acción desde la honestidad. Compartiendo con mis primeros clientes que estaba empezando y que quizá habría situaciones que no sabría como resolver al instante. Fue muy liberador.

Cambié de estrategia para conseguir las misma intención positiva y el resultado fue un buen feedback y mucha gratitud de mis clintes porque les había ayudado a cambiar sus vidas. Gratitud la mía porque sus palabras me dieron alas para ayudar a otras personas.

Cuando nos ponemos todo tipo de excusas

Cuando decimos me falta experiencia,  soy demasiado mayor, demasiado joven, demasiado alta, demasiado baja, no tengo dinero, no tengo tiempo, no es el momento, las cosas están muy mal…. estamos «comprando excusas» para mantenernos en nuestra zona de confort.

Lo que hay detrás de cada una de estas palabras es simplemente miedo.

El miedo ha sido durante mucho tiempo mi incómodo amigo tirano. En mi caso particular la necesidad de seguridad estaba muy valorada y claro seguridad es incompatible con crecimiento, con emprendimiento y hasta que no me permití abrazar la incertidumbre con la confianza de que me traería cosas buenas permanecí inmóvil atrapada en un miedo paralizante.

La estrategia de cambio de enfoque: en lo que sí puede salir bien, en lo que ya he conseguido, en el beneficio que aporto, en lo que suma y no en lo que resta es lo que me permite hacer lo que hago a pesar de que aparezcan algunos miedos.

 

Otras formas de auto-sabotaje:
  • Sentirte responsable de la vida de otros, y entonces te engañas a ti misma diciéndote que como tienes que cuidar de esa persona no puedes hacer lo que a ti te gustaría.
  • Generalizar, siempre me equivoco, todos los hombres son iguales, esto siempre me pasa a mi, etc. Es una visión sesgada de la realidad que nos impide poner foco en lo que queremos.
  • Pensar en absolutos, en todo  nada, en blanco o negro, o lo hago perfecto o no lo hago. Este tipo de pensamientos denotan rigidez y vivir en verdad es fluir; si no vivimos de acuerdo con nuestra verdadera esencia si vivimos en el miedo es cuando no fluimos.
  • Y muchas más

 

Como de alguna manera ha quedado en evidencia, las causas del auto-saboteo pueden ser varias: la falta de claridad en lo que queremos,  falta de auto-control, una baja auto-estima o falfa de auto-confianza, el miedo al fracaso, miedo a no ser suficientes y tantas otras fruto de nuestras creencias limitadoras.

Si crees que te estás autosaboteando, lo ideal sería que buscaras la ayuda de un profesional, on coach o un psicólogo; de todos modos si prefieres intentarlo por tu propia cuenta (aunque ya te adelanto que no es fácil) te dejo algunos tips:

  • Empieza con objetivos más pequeños: Un elefante se come a pedacitos
  • Escribe lo que te pasa: descubrirás cuáles son tus creencias limitantes
  • Sustituye las creencias limitadoras por otras que te den poder.
  • Observa tus pensamientos y tu lenguaje y sé más amable contigo: menos juicio y más cariño, menos «soy un desastre» y más «¡wow esto no me ha salido tan mal! o cada vez me sale mejor…»
  • Busca tu equilibrio físico, mental, emocional y espiritual
  • No tengas prisa, disfruta del camino de cada pequeño logro.

Espero que te haya resultado interesante esta reflexión sobre el auto-sabotaje y sobre todo deseo que puedas dar lo mejor de ti. Si crees que te puedo ayudar a conseguirlo, escríbeme y hablamos.

Un abrazo.

 

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