El rencor, ¿cómo eliminarlo?

Decía Nelson Mandela, el rencor es como tomar veneno y esperar que mate a tus enemigos. 

Sabias palabras, porque el rencor solo perjudica a quien lo siente. 

 

La ira, el enfado es una de las emociones básicas y es absolutamente necesaria. Nos ayuda establecer límites con los demás, a respetarnos y a no dejarnos pisar. Además nos pone en alerta ante una injusticia y nos permite disponer de mucha energía para actuar en un breve espacio de tiempo. A nivel evolutivo la ira nos ha permitido atacar para alimentarnos, defendernos de otros predadores, protegernos y sobrevivir como especie.

Pero si este estado no lo gestionamos adecuadamente, se puede enquistar, pierde sus beneficios y da lugar al rencor, al dolor y al sufrimiento.

¿Qué es el rencor? 

Es sentir resentimiento aunque pase el tiempo. Es ese sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia aquellas personas que consideramos que nos han ofendido y que solo nos hace daño a nosotras mismas.  

El rencor, se manifiesta en palabras o actos hostiles, y al ser un sentimiento que se alarga en el tiempo su grado de toxicidad es elevado. Lo que al principio fue un incidente puntual con una persona puede llegar a condicionar muchos aspectos de nuestra vida. El rencor cambia el humor, nos envenena por dentro, distorsiona la visión que tenemos del otro, de la situación o evento que nos causó la ofensa, e incluso puede que de la vida. 

Lo «gracioso» del asunto, es que todas estas emociones y sentimientos únicamente las padece la persona que siente rencor. La persona que supuestamente ha ofendido, o en algunos casos sin supuestamente, sigue su vida sin siquiera acordarse del acontecimiento que tanto sufrimiento provoca en la persona que siente rencor. 

Llegados a este punto lo único que cabe preguntarnos es ¿cuál es el antídoto para ese auto-envenenamiento? 

En mi opinión, es el perdón y fortalecer nuestra autoestima. Porque no hay que olvidar que no es importante lo que pasa sino el significado que le damos a eso que vivimos, de ahí frases sabias y conocidas como:

“No ofende quien quiere sino quien puede” Porque nosotras le damos el poder de ofendernos.

¡Nadie, nunca jamás te ha ofendido!. Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas, las que te hieren. Y las expectativas tu las creas con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias.

¿Cómo perdonar?

Para perdonar es necesario que te abras a aceptar que nadie te ha ofendido, que has sido tú con tus ideas acerca de “cómo deberían actuar las personas las que te hieren”. Estas ideas son fruto de creencias y del entorno socio-cultural en el que has crecido desde pequeña; son inconscientes. Reconocer que la mayoría de las personas nunca van a cuadrar con esas ideas que tienes, así como tú tampoco cuadras en las de los demás, sencillamente por que son solo tus ideas, o sus ideas.

Debemos dejar que las personas sean. Respetar que hagan vivan su vida como les plazca. Cada persona actúa como quiere o como puede, porque, como nosotras, están condicionadas por sus creencias y circunstancias. Está demás dar consejos a no ser que nos lo pidan. Debemos permitir que cada uno tome sus propias decisiones, el el libre albedrío, es su derecho divino por nacimiento.

Perdonar tiene más que ver con una misma que con la otra persona. Si perdonamos, soltamos, dejamos ir, nos liberamos de pensamientos dañinos que nos generan emociones tales como el odio, el rencor, la frustración… Perdonar, no tiene porque ir ligado a retomar la relación con la persona en cuestión. Es un proceso de recuperar la paz.


Si por lo que sea en estos momentos sientes rencor hacia alguien o hacia ti misma, probablemente esta lectura no te esté resultando cómoda aun así te invito a que sigas leyendo y descubras los pasos para poder llegar a perdonar desde desde el corazón . Sólo con un perdón sincero podrás deshacerte del rencor y sanar tu herida.

Cómo liberarte del rencor, paso a paso:

1. Aceptar que sientes rencor. 

El primer paso como en casi todo es admitir y aceptar  que tenemos rabia acumulada que nos está generando un sentimiento de culpa, quizá de vergüenza, un enfado hacia nosotras mismas por … (Tú y sólo tú puedes seguir la frase) Te pongo alguno ejemplos: no haber sabido …, no haber podido decir …, por habernos dejado engañar …, por sentirnos tontas …, por haber confiado. Puede que además sientas rabia hacia la persona que “te ha ofendido” pero el dolor, la decepción siempre es con una misma, por no haber sabido resolver la situación de otra manera. Y cuantas más vueltas le das, más daño te haces.

2. Respétate a ti misma

El mayor daño nos lo hacemos a nosotras mismas, y está demostrado que este sufrimiento produce daño a nuestro organismo. 

Si no gestionamos bien nuestras emociones, nuestro cuerpo acaba enfermando y la rabia acumulada se traduce en problemas de salud. Un sentimiento enquistado de  odio puede traducirse en problemas de salud, y afectar al estómago, la vesícula biliar, el hígado, el nervio ciático … 

Y a nivel «social» ¿qué precio estás pagando por no perdonar? 

Haz una lista de todo aquello que se ha visto afectado por no perdonar. Relaciones, tu diálogo interno, proyectos, qué has dejado de hacer, etc.

¿Cómo condiciona tu vida el  el rencor? Analízalo como si fueras un espectadora.

Eres un ser valioso, respétate a ti misma. ¡Nada es más importante que tu sosiego!

3. Ponte en modo aprendizaje

Toda experiencia vivida nos trae un aprendizaje. Es cierto, te han hecho daño, te has sentido utilizada, menospreciada, herida … Los hechos no los puedes cambiar pero sí que puedes sacar un aprendizaje de lo ocurrido.

Pregúntate, qué lección debo aprender de esta situación. Quizá sea que debes andar con más cuidada y no confiar a la primera de cambio, quizá debes hacer caso a tu tu intuición, de alguna manera ya lo veías venir. O puede que debas revisar si eres demasiado exigente con tus expectativas acerca de cómo deben comportarse los demás y no frustrarte cuando las cosas no salen como tú las habías imaginado. 

4. No pre-supongas. Probablemente haya otra interpretación

Cuando sentimos que nos han ofendido, siempre, aunque sea inconscientemente, estamos presuponiendo que la otra persona lo ha hecho con la intención de hacernos daño.

La verdad es que la mayoría de las veces no es así. Todos cometemos errores y sin darnos cuenta podemos molestar a los demás.

Ponernos en el centro del universo. ¡Me lo está haciendo a mí; ¿a mí?! Pero, ¿qué se ha creído esta? … Este gen egoísta, hace que interpretemos que el otro va a por nosotros, a humillarnos, cuando en verdad lo que está pasando es que el otro está actuando egoístamente pensando en sus intereses.

No personalices, notarás un gran alivio.

5. Practica la empatía; es un «músculo que puedes hacer crecer»

Ponte en el lugar de la persona que has de perdonar. Como si tú fueras ella, como si tú hubieras sido la que ha errado y la que ha traicionado. ¿Te gustaría que te perdonaran?

Para poder perdonar, es bueno ponerse en los zapatos del otro para poder comprenderlo un poco más. En definitiva juzgar menos y entender más.

¿Qué puede haber llevado a esta persona a actuar como lo ha hecho? ¿Qué necesidades o carencias internas crees que puede tener? ¿Qué dolor interno busca eliminar con esta acción? Ya sabes, todo que hacemos siempre tiene una intención positiva. Esta regla también aplica a la persona que “nos ofende”.

Es más fácil perdonar cuando reconocemos también la vulnerabilidad del otro. 

6. Marca límites

Sé asertiva, habla con la persona que te hizo daño. Desde el respeto, no desde el enfado, hazle entender cómo te sentiste y para que comprenda que su comportamiento no te agradó. Se trata de hablar de nosotras, no de juzgar o corregir a la otra persona por lo que hizo o dijo.

Lo recomendable es hacer esto lo antes posible, sin que pase demasiado tiempo. Se trata de evitar darle vueltas al asunto y no potenciar las emociones “negativas” que nos van envenenando. Cuanto antes lo hagas, más fácil será mantener la cabeza neutra y comunicar asertivamente.

Ya has visto que el rencor es una emoción enquistada en el tiempo. Soluciona tus problemas, aquí y ahora y empieza a vivir con tranquilidad.

7. Suelta. Mereces vivir en paz.

Es momento de despedirte de tu dolor. Hasta ahora te ha permitido conocerte más, conectar con tus necesidades, reparar el daño. Sostenerlo ahora, sería seguir en el estado de víctima, pues estarías entregando tu poder al otro, dándole permiso a alguien, sobre tus emociones. Estás reaccionando en lugar de elegir qué emoción o qué estado emocional quieres sentir. Pero ya está, ese dolor ya ha cumplido su función. Ya lo has trabajado y puedes decirle adiós

Ya has visto que la  venganza no repara el daño que nos han causado y nos produce más dolor, culpa, resentimiento.

Es momento de agradecer y perdonar, perdonarte a ti misma por no haber sabido hacerlo mejor y al otro por lo mismo. Agradece que la vida te haya puesto esta prueba, que te haya puesto en una situación tan delicada y emocionalmente intensa. Has podido aprender mucho de ti misma y de los demás, incluso has podido entrenar tu respuesta emocional. Recuerda que sólo así podrás crecer en el camino del desarrollo personal y ser mejor persona.

El perdón solo es posible si somos capaces de cerrar la herida emocional que teníamos abierta. 

Perdona, perdónate y sigue tu camino hacia delante con la liviandad que supone haber dejado el lastre del rencor atrás.


 

Ya hemos llegado  al final de lo que hoy quería compartir. Si, con todo lo que acabas de leer, no te sale perdonar de corazón es que quizá no sea tu momento. Revisa en qué punto está tu escollo y sigue trabajándolo para superar este obstáculo, si no puedes sola te recomiendo que pidas ayuda, a mi o a otro profesional. Todos merecemos vivir en paz interior, tú también.

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