¿QUÉ ES LA AUTOESTIMA? COMO EMPEZAR A MEJORARLA

Escribir sobre la autoestima es un tema que me apasiona, considero que es la base fundamental de todo lo demás, es el pilar central de nuestra vida y con demasiada frecuencia veo que nosotras, si especialmente nosotras las mujeres, la tenemos poco trabajada.

Pero ¿qué es exactamente la autoestima? ¿cómo podemos trabajarla?

La autoestima, si bien está en boca de todos, es un concepto complejo y lleno de matices. Voy a intentar aportar alguna pincelada.

Si analizamos etimológicamente la palabra autoestima, se puede inferir que la Auto-Estima es la manera que nos valoramos a nosotros mismos. Pero la autoestima es mucho más que esto, tiene que ver con la confianza que sentimos en nosotros para afrontar los desafíos de la vida y tiene que ver también con el amor y respeto que nos procesamos a nosotros mismos y que nos hace sentir merecedores de la felicidad. Ya ves, sólo estamos en el primer párrafo y ya han aparecido un montón de conceptos. 🙂

La autoestima también está relacionada con el concepto que tenemos de nosotros mismos. Nuestra autoimagen que a su vez es el filtro que rige nuestra vida.


La autoestima es como un filtro que rige nuestra vida


Podríamos decir que la autoestima es como llevar unas gafas con filtro, que hace que veamos e interpretemos de una determinada forma cuanto nos pasa en la vida. Si nuestra autoestima está trabajada (filtro positivo) no habrá obstáculo que nos detenga, por el contrario, si nuestra autoestima no está trabajada (filtro negativo) nos sentiremos impotentes ante esta vida tan dura y todo se nos hará cuesta arriba.

Fíjate que no hablo de si tienes una autoestima alta o baja; la autoestima no es algo que te toque (como tener los ojos azules o marrones) o se te asigne, la autoestima es algo que hay que cultivar a lo larga de toda la vida.

¿Cómo te sientes habitualmente?

Eres de las que…

Te levantas por la mañana sin ganas de ir al trabajo, vas porque no te queda más remedio y haces lo que tienes que hacer de manera rutinaria.

Sabes que este no es el trabajo de tu vida y que no te llena, pero te da el dinero que necesitas para vivir.

Ni te planteas buscar otro trabajo, ¿para qué? si ya sabes que es muy difícil y no lo vas a encontrar.

Cuando llegas a casa estás agotada y no tienes humor para nada. No te apetece jugar con tus hijos, ayudarles en los deberes, si todavía son pequeños, ni hablar con tu marido. No tienes energía para nada y además te tienes que hacer cargo de todo: los niños, las extra escolares, las visitas a los médicos, la casa, la cena.

No tienes tiempo para nada, estás agotada y nadie te entiende.

Piensa que no has tenido suerte, que la vida no te ha dado lo que imaginabas y te sientes atrapada en tu situación de la que eres incapaz de salir

 

Eres de las que…

Te levantas por la mañana con mucha energía, para abordar todo lo que quieres hacer durante el día. Disfrutas de tu trabajo, sabes que lo que haces es importante, por lo menos para ti. Sirves a los demás desde tu puesto de trabajo y esto te llena además de aportarte el dinero que necesitas para vivir. Sabes que no todos los días son fáciles y además está aquel compañero de la oficina que siempre está dando la lata con su pesimismo, pero aun así tú estás totalmente comprometida a ver el lado bueno de las cosas.

Cuando sales del trabajo estás cansada pero siempre te reservas energía para ti y los tuyos.  Para ir al gimnasio, compartir tiempo con tus seres queridos: jugar con tus hijos, ayudarles en los deberes si todavía son pequeños, charlar con tu marido. Y si el día no ha ido bien, sabes que no tienes que pagarlo con tu familia y procuras mantener siempre tu actitud positiva y optimista.

Cuando llega el final del día estás agotada pero feliz. Te sientes agradecida por tener la familia que tienes, por ser quien eres, por tener lo que tienes y  además sabes que mañana tendrás una nueva oportunidad de ser la persona que quieres llegar a ser.

 ¿Con cuál de estas mujeres te sientes más identificada?

 

Ya que estamos, otra pregunta más

¿Crees que el entorno determina la autoestima?

Hace algún tiempo yo hubiese contestado un sí rotundo. Hoy todo lo contrario. Estoy firmemente convencida que la autoestima no depende del entorno en el que vivimos, ni de nuestra posición social, ni de nuestros talentos, ni siquiera depende del reconocimiento de los demás.


La autoestima sólo depende de nosotras y, la podemos entrenar.


Se estima que el 95% de nuestro éxito, tanto personal como profesional, depende de nuestra mentalidad, de nuestra actitud. Sea cuál sea tu actitud hoy, aunque en tu caso te parezca imposible, te aseguro que la puedes cambiar. Todas podemos.

¿Cómo podemos mejorar nuestra autoestima? Te explico los 8 puntos que yo trabajo y me funcionan:

 

1.- La aceptación, porque no podemos cambiar aquello que no aceptamos. Me he dado cuenta de que aquello que no aceptamos, aquello a lo que nos resistimos, son oportunidades de crecimiento.

Todas tenemos aspectos que no nos gustan, aceptar que podemos ser imperfectas (nadie es perfecto, la persona a la que te gustaría parecerte tampoco) no sólo libera nuestro corazón, sino que también es un paso necesario en el camino del crecimiento personal.

2.- Recordarme que mi pasado no determina mi futuro.  El pasado nos puede condicionar, pero nunca puede determinar nuestro futuro. No podemos cambiar nuestro pasado. El pasado son lecciones de vida, experiencias buenas y malas de las que podemos aprender. No estamos condenados por nuestro pasado, en nuestras manos está sanar nuestra niña interior. Tú, no eres tu pasado Mírate con compasión. Es un ejercicio muy liberador que nos permite hacer una interpretación más positiva del pasado y nos potencia.

3.- Estar abierta al cambio. Es normal que sintamos cierta incomodidad hacia el cambio, todas las personas necesitamos sentirnos seguras y los cambios generan cierta incertidumbre. Aceptar y entender que el cambio forma parte de la vida es fundamental. No podemos no cambiar, moriríamos. Si quieres ganar confianza en ti misma y perder el miedo a lo que pasará, actúa a pesar del miedo. Si lo que has pensado/hecho hasta ahora no te ha conducido donde querrías estar ¿Por qué no probar algo diferente?

4.- Asumir la responsabilidad y abandonar la culpabilidad. Soy responsable, no culpable. Sentirte culpable es vivir desde el victimismo. La única persona responsable de lo que te ocurre eres tú. Te voy a confesar algo, cada vez que leía o escuchaba esta afirmación pensaba ¿cómo pueden decir eso? ¡Con lo que me está pasando a mí! Si esto es cierto, todo lo malo que me pasa es culpa mía y me asustaba todavía más.

Me sentí absolutamente aliviada cuando entendí que ser responsable no tiene nada que ver con culpa. Me sentía culpable cuando no me conocía a mis misma y reaccionaba a lo exterior. Por aquel entonces no me hablaba muy bien a mí misma, era extremadamente dura conmigo. Ahora sé que vivía desde el victimismo, no era consciente. Uno no puede ser culpable de algo de lo que es inconsciente. Desde que inicié el camino interior del autoconocimiento y trabajé mi autoestima, sé que puedo elegir, me siento responsable de mi vida.

5.- Aprendizaje continuo. La autoestima crece con nuestro desarrollo personal. Tener una autoestima sana implica un trabajo diario y no bajar la guardia. El camino del crecimiento personal es largo, nunca hay que bajar la guardia.

6.- No me comparo, no tiene sentido. Tendemos a compararnos con las personas que queremos llegar a ser olvidando que esas personas a las que admiramos han recorrido su propio camino, han cometido sus propios errores y han aprendido lecciones que quizá a nosotras todavía nos falte aprender. Cada persona tienes sus propios talentos sólo hay que descubrirlos y potenciarlos.

7.- Ser agradecida. Desde siempre he sido agradecida, pero ahora quizá más por una razón muy simple. He descubierto que enfocarme en lo que tengo en lugar de lo que me falta me hace más feliz y me aporta energía para lo que quiero conseguir. Intento vivir desde la abundancia, al principio me costó cambiar el hábito, pero no es más que un hábito y afortunadamente se puede cambiar.

8.- Actuar a pesar del miedo y romper el círculo vicioso. Lo he confesado en numerosas ocasiones, sentía tanto miedo que no me atrevía a actuar, hasta que un día me dije a mi mima ya basta, es hora de actuar a pesar del miedo y lo hice. Desde entonces no permito que el miedo se interponga en mi camino y actúo a pesar del miedo porque aprendí que el miedo desaparece cuando paso a la acción. ¡Qué gran sensación!

 

Prueba a trabajar estos puntos, estoy convencida que a ti también te pueden ayudar. ¿Por cuál vas a empezar?

 

Coméntame cómo te va o si crees que podría añadir algún punto más.

Como siempre gracias por leerme y por estar ahí.

 

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