EL PODER DE LAS PALABRAS

Estoy casi segura que en alguna ocasión has oído la expresión “Somos lo que comemos” no es que hoy quiera hablar de nutrición pero esta expresión me viene muy bien para reflexionar sobre la fuerza que ejercen en nosotros las palabras y emulando la frase anterior me atrevo a decir que en gran parte “Somos lo que nos decimos”

Déjame que me explique:

En más de una ocasión he dicho que los eventos que nos pasan en la vida carecen de significado y que el significado se lo ponemos nosotras. Lo cierto es que las palabras que asociamos a lo que nos ocurre acaban conformando lo que nos ocurre. Dicho de otro modo, lo que nos decimos a nosotras mismas determina nuestra realidad.

Puede que te resulte increíble o te parezca exagerado, pero, está científicamente demostrado que lo que nos decimos a nosotras mismas tiene un efecto bioquímico sobre nuestro sistema nervioso, por tanto, sobre nuestro cerebro y en consecuencia afecta directamente a nuestros pensamientos.

Nuestro cerebro es un órgano extremadamente complejo que funciona a varios niveles, no voy a entrar en detalle, pero sí voy a contarte un par de curiosidades:

  • nuestro cerebro es un gran ahorrador de energía, simplifica al máximo y siempre que puede actúa en modo automático. No sólo para las funciones vitales sino en muchísimas más ocasiones.
  • nuestro cerebro es neuroplástico es decir se puede modelar, “reprogramar”, enseñar a pensar diferente. Que el cerebro sea nueroplástico significa que podemos aprender a desaprender para cambiar las respuestas ya automatizadas de nuestro cerebro ante determinados eventos.

Cuando vivimos una nueva experiencia, de forma automática le damos un primer significado y la etiquetamos como dolorosa o placentera. Acabamos de asociar una emoción a un evento determinado. La próxima vez que vivamos un evento similar nuestro cerebro, que ya sabe si la experiencia anterior fue dolorosa o placentera, confirmará que el significado sea el mismo y si es así en varias ocasiones lo dará, por cierto.

¿Qué ha pasado? Veámoslo con mayor detalle:

Se ha producido un evento al que mediante las palabras le hemos asignado un significado, que ancla una determinada emoción a dicho evento convirtiéndola en una creencia. Las emociones mediante la repetición se convierten en estados emocionales y los estados emocionales distorsionan; son como una especie de gafas que condicionan la interpretación de lo que nos ocurre. Como puedes comprobar esto es lo que diríamos coloquialmente “la pescadilla que se muerde la cola”

Es de vital importancia aprender algo que no nos han enseñado ni en la escuela ni en la mayoría de los casos en nuestras familias: elegir con consciencia qué palabras utilizamos para describir lo que sentimos. Las etiquetas que ponemos a nuestras emociones es lo que hace que suframos un mayor dolor del que sería justificado.

Las palabras que utilizamos habitualmente afectan nuestra forma de evaluar lo que vemos y nos ocurre y, por lo tanto, nuestra forma de pensar.

Imagínate que estamos en la sala de espera del médico y éste va con retraso, por cierto, con bastante retraso. Le preguntamos a tres personas diferentes cómo se sienten. Una de ellas nos dice que se siente furiosa, otra nos dice que se siente enojada y la tercera nos dice que se siente molesta. Lo que sienten estas tres personas, ha cambiado por “el significado” que cada una de ellas ha dado al etiquetar con una palabra la misma situación, el retraso en la hora de su visita. Furiosa, enojada o molesta tres palabras que actúan de disparadores de tres estados emocionales diferentes. Todo lo que ocurra, a partir del momento que se ha asociado dicha palabra, será interpretado en esa clave. ¿te suena de algo?

Quizá en alguna ocasión has llegado a casa de mal humor por algo que te ha pasado en el trabajo. Quizá sólo quizá alguien que no lo merecía a “pagado los platos rotos”.

Ya hemos visto que las palabras crean emociones y estas acciones. Las acciones crean resultados, que estos sean buenos o malos dependen de lo que nos decimos a nosotras mismas. Elige bien qué palabras que utilizas al hablarte a ti misma, si no lo haces puede que acabes diciéndote cosas como “Todo me sale mal” “Soy muy torpe” “Lo veo todo negro”… y el cerebro, que no tiene sentido del humor, se lo creerá, a pies juntillas, y hará lo posible para que puedas confirmar que lo que te dices es cierto.

No digas “no puedo” ni en broma. Porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes. Facundo Cabral

Somos personas y como tales sentimos todo tipo de emociones, sí está bien. Las emociones negativas sin duda son útiles y necesarias, pero cuidado que nos pueden paralizar y hacer sufrir en exceso. Mi intención con este artículo es que prestemos atención sobre cómo nos hablamos a nosotras mismas consciente o inconscientemente para que podamos cambiar el foco de lo negativo (pérdida, pasado, miedo…) a lo positivo (oportunidad, abundancia, crecimiento…). Fíjate en si anclas tus experiencias con expresiones negativas y empieza a sustituirlas por otras palabras que pongan el foco en lo positivo, en lo que vas a conseguir, de este modo conseguirás generar acción y vencer la parálisis que te generan tus miedos.

Sé que lo haces de forma automática, de forma natural y sin pensar en el efecto de dichas palabras sobre tu forma de actuar y de percibir el mundo. A mí me pasaba también, corrijo si bajo la guardia y voy en piloto automático me pasa lo mismo, pero ahora ya conoces el poder de las palabras. Las palabras configuran nuestras creencias y ejercen un gran impacto sobre nuestras acciones. Lo que nos decimos es importante porque las palabras también pueden cambiar nuestras creencias.

Cambia la forma en que te hablas a ti misma cada día y todo cambiará. Si te dices a ti misma, cada día: SÍ PUEDO, SÍ PUEDO Y LO HARÉ, crearás nuevas conexiones neuronales, nuevas creencias potenciadoras, generadoras de nuevos recursos y más creatividad.

Te invito a que empieces a utilizar a tu favor la fuerza de las palabras. Crea tu propio vocabulario del éxito y la abundancia.

En el mío sustituí:

Los tengo que por los QUIERO

Los no puedo por LO VOY A CONSEGUIR

Los es imposible por LO VOY A INTENTAR CON TODAS MIS FUERZAS

Los tengo mala suerte por QUÉ MÁS PUEDO HACER PARA CONSEGUIR LO QUE QUIERO

Además, puse:

Tengo confianza y seguridad en mí misma

Consigo lo que me propongo

Me siento cómoda con mis fracasos y los considero una oportunidad para aprender y mejorar

Merezco lo mejor que la vida tiene que ofrecerme

Y otras muchas palabras poderosas

 

Y las tuyas ¿Cuáles van a ser tus palabras poderosas?

 

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