¿POR QUÉ TE CUESTA TANTO CREER EN TI? EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

¿Has experimentado alguna vez un momento de pánico, quizá haya sido antes de presentar una propuesta, dar una charla o convocar una reunión? ¿Has experimentado esa tremenda sensación de duda sobre ti misma, de sentir que no puedes hacer algo y que lo único que quieres es desaparecer? Bienvenida al club no exclusivo de millones de mujeres profesionales (y algunos hombres) que experimentan el síndrome del impostor.

Yo no sabía cómo se llamaba, pero conocía sus síntomas y un día descubrí que gran parte de lo que me estaba frenando en mis planes de emprender era precisamente el “síndrome del impostor”. Por eso quiero compartir contigo qué es y cómo combatirlo para que de una vez dejes de estar atormentada en tu trabajo

 

¿Qué es el Síndrome del Impostor?

Se denomina Síndrome del Impostor (SdI) a un pensamiento recurrente en el que la persona no reconoce su propio valor, logros o capacidades. Dicho de otra forma, es tener la sensación constante de que no eres lo suficientemente buena. Además de vivir con el miedo de ser “desenmascarada” como un fraude.

Este término fue acuñado por primera vez en 1978 por las psicólogas Pauline R. Clance y Suzanne A. Imes. Quiero decirte que No es un desorden ni un trastorno mental, sino una respuesta al éxito en la vida y a la presión por ser siempre mejores. Se estima que 7 de cada 10 personas lo sufren o lo han sufrido alguna vez en su vida. Como puedes comprobar es algo muy (demasiado) común.

Aunque tiene un abanico muy amplio de intensidad, habitualmente se dice que se sufre síndrome del impostor si Asumes que tu éxito es cuestión de suerte y nunca lo achacas a tu inteligencia sino a factores externos o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo

 

¿Quieres averiguar si sufres el síndrome del impostor? Contesta a estas preguntas:
  • ¿Te cuesta aceptar cumplidos, elogios y agradecimientos? (quizá dices cosas como:“lo podría haber hecho mucho mejor”, “sólo fue cuestión de suerte”, “no es nada extraordinario”, “es lo menos que podía hacer”…)
  • ¿Tus logros y tus éxitos los achacas habitualmente al azar o a tu buena suerte?
  • ¿Te comparas con amigos y conocidos y crees que no eres tan buena como ellos?
  • ¿Piensas, de forma recurrente, que otros harían tu trabajo mil veces mejor que tú?
  • ¿Temes que las personas descubran que no eres tan inteligente como creen?
  • ¿No crees que tus logros sean tan impresionantes como algunas personas dicen?
  • ¿Tiendes a recordar con más frecuencia tus errores que tus aciertos?

Si en estos momentos estás pensando ¡Así es exactamente como me siento! No cabe duda de que sufres el Síndrome del impostor. ¿Sabes qué significa esto? Que necesitas trabajar esa creencia limitante o tendrás serios problemas personales y profesionales.

 

¿Cuáles son las consecuencias de sentirse una impostora? Veamos por qué es necesario combatir el Síndrome del Impostor o baja autoestima.
  • Está afectando a tu trabajo y a tu estatus laboral. Posiblemente estés muy estresada amén de tener un desempeño por debajo de tus capacidades por miedo a hacer cosas nuevas y mostrar incompetencia.

Las personas que sufren el SdI “No corren riesgos ni se atreven a pedir un ascenso porque tienen miedo de no estar a la altura, así que trabajan por debajo de su potencial”, sostiene Clance.

“También aumenta sus niveles de estrés y afecta a su productividad porque a menudo postergan tareas o bien trabajan demasiado duro para justificar que su éxito se debe al duro trabajo y no a su talento”.

  • Te inmoviliza. Te aterroriza actuar y mostrarte, e inconscientemente te dices mejor no hago nada y “me escondo”
  • Afecta a tus relaciones personales y profesionales. Tienes que esconder, evitar que descubran que eres un “fraude”
  • O quizá tengas un hijo que saca muy buenas notas y tiene baja autoestima. Esto mimo le pasaba a Pauline R. Clance, en su blog explica: “Cada vez que hacía un examen importante tenía un miedo terrible de haber suspendido. Mis amigos se estaban empezando a cansar de mis constantes preocupaciones, así que decidí guardarme los miedos para mí”

Como puedes ver, no son pocas las razones que te impiden vivir tu vida libremente, ser la protagonista de tu vida, dejándote al margen.


 

He leído que los “impostoras” en general se imponen estándares insosteniblemente altos para todo lo que hacen, o sea, son sumamente exigentes con sí mismos.

Confieso que yo era una de ellas, era de esas personas de “todo o nada” Me decía a mí misma “si no lo sé todo, entonces no sé nada”, “si no lo hago absolutamente perfecto, entonces no sirve o no lo hago”, “no sé nada”, “nadie necesita lo que ofrezco”, “hay miles de personas que lo hacen mejor que yo”… y así me martirizaba día tras día.

Por suerte cuando inicié mi proceso de coaching tomé conciencia de esta actitud mental y me puse a trabajar para cambiarla.

Porque como he dicho antes no es un trastorno, sólo se trata de una actitud mental que se puede cambiar.

Lo he explicado en otras ocasiones, pero quiero recordarte que una actitud mental no es más que la suma de tres factores: enfoque, lenguaje y fisiología y cambiando cualquiera de estos factores o los tres podemos elegir cambiar nuestro patrón mental.

El síndrome del impostor se nutre del miedo: a no pertenecer, al qué dirán, al fracaso, a la incertidumbre… El miedo no es más que la falta de seguridad (seguridad en ti misma, disponer de más recursos o más formación, etc.) Si generas seguridad desaparecerá ese miedo.

Te pongo un ejemplo: Cuando yo cambié mi enfoque de miedo a un enfoque de aprendizaje, me liberé de la presión de tener que hacer todo perfecto. El significado que ahora le puedo dar a lo que ocurre ha cambiado, si algo no me sale como esperaba sé que es algo habitual cuando una está aprendiendo y no sufro por ello. En consecuencia, relajo también mi cuerpo, mi respiración la mandíbula los hombros… (fisiología) Sigo siendo fiel ami misma intentando hacer todo lo mejor que sé y puedo pero no sufro por ello y sobretodo me atrevo a experimentar y disfrutar.

Cambiar de enfoque por tanto puedo decir que me aportó seguridad y libertad.

Los cambios no se consiguen de la noche a la mañana, pero sé con certeza que si una quiere puede.

 


Todas podemos tener una sana autoestima.


 

Me gustaría pedirte algo, date el permiso de probar, date el permiso de equivocarte. No recortes tus propias alas. Demuéstrate a ti misma, y si quieres a los demás, lo que realmente sabes hacer. No dejes que el miedo te paralice. El antídoto del miedo sabes que es la acción. Aprende a bailar con el miedo y empieza a brillar.

Por el mero hecho de existir somos perfectas, pero si tú quieres puedes ser quien te propongas ser.

Con trabajo y constancia cualquiera puede hacer realidad sus sueños No permitas que el Síndrome del Impostor te impida alcanzar los tuyos.


Como siempre, quiero bajar al nivel más práctico para que, si lo necesitas, puedas empezar a combatir el SdI y trabajar tu autoestima:

  1. Empieza a dar las gracias la próxima vez te den un cumplido. “Sin dar excusas, sin justificarte. Simplemente dar las gracias”. Apropiarte de tu éxito. Entiende que tus logros son tuyos y producto de tu duro trabajo, y no solamente resultado de un golpe de suerte.
  2. Pon el foco en aprender. No necesitas ser perfecta, necesitas ser Real, ser tu misma sin compárate con los demás. Todas tenemos habilidades que nos destacan. Aprópiate de tus fortalezas y no busques tener las de los demás.
  3. Aprende a bailar con el miedo. No dejes que tu miedo a “ser descubierta” te impida lograr tus metas.No temas hacer algo solo porque los demás sepan que no eres tan bueno como aparentas. “Atrévete a que los demás descubran si eres bueno y descubrirás que eres tan capaz como cualquiera”

 

Y ahora te dejo con un ejercicio que en su momento me propuso mi coach. Hazlo si te apetece, si crees que puede ser útil para ti y si no no pasa nada.
1.Piensa cuál fue la última vez que pensaste algo bonito sobre ti.

Quizá estés obsesionada con que lo que haces no tiene valor, o quizá te lo has dicho tantas veces que has acabado creyéndolo. “Duda, siempre, de lo que crees o de lo que ves”. Párate a pensar si estás dando por hecho lo que dicen los demás o lo que dice tu propio miedo. No le des veracidad a algo que no la tiene. Básate en los hechos.

 2.Haz una lista de 10 virtudes que tienes y que nunca valoras.

Ahora que te he pedido que te bases en los hechos, hazte con un papel y un boli y apunta tus virtudes, talentos y habilidades. ¿Qué te hace especial? Sea lo que sea, quizá sea cocinar deliciosos platos con cuatro cosas que pillas en la nevera, bailas de maravilla o quizá eres buenísima haciendo varias cosas a la vez o todo lo contrario, sólo tener la atención focalizada en una cosa. Busca tus talentos, no dejes de buscarlos hasta que tengas 10.

3.De cada una de esas virtudes, busca 3 razones o vivencias que refuercen que son realmente virtudes válidas.

Haz memoria, ¿quién te ha dicho alguna vez que haces algo estupendamente? ¿En qué sobresales por encima de la media? Recuerda qué hechos avalan tus talentos y fíjate en cuántas experiencias reúnes. Si te quedas sin ideas pregunta a tu familia, pareja, amigos, compañeros, jefes… Haz una lista de tus grandes logros.

4.Interioriza todos esos éxitos: Todo eso eres tú, y mucho más.

Créetelo. Todos esos logros han sido obra tuya. Una autoestima sana nos permite ser más conscientes de nuestros éxitos, de nuestra valía y hacernos más dueñas de nuestra vida. Tener una autoestima trabajada no sólo nos beneficia a nivel personal y emocional, sino también en nuestro aspecto profesional.

 

Descubre lo grande que eres: Puedes ser la dueña de tu vida. ¡Empieza por creerlo tú! 

Sin duda la inteligencia emocional es una habilidad potentísima en todos los aspectos de nuestra vida, también en el ámbito profesional, y un aspecto fundamental que tenemos que tener en cuenta es la autoestima.

Por eso te invito a que mejores tu autoestima. No dejes que el resto de personas sean los dueños de tu vida.

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