¡Ya no puedo más! Cómo empezar a ver la luz

Cuando tienes la sensación de que no controlas tu vida, corres un riesgo invisible: agotar tu depósito de energía positiva, la que te ayuda a disfrutar y a lograr lo que deseas. La buena noticia es que se puede evitar. Veamos cómo.

Hay personas que se levantan cada mañana pensando que tienen que hacer mil cosas. Han pasado por tantos “días de estrés” que inconscientemente piensan: “será otro día horrible”. Afrontan su nuevo día con esa sensación de fondo y después no consiguen hacer todo lo que pensaban. El resultado les da un nuevo argumento para confirmar que tenían razón, que era un “día de estrés”. Esto mismo ocurre cuando queremos encontrar una pareja, un nuevo trabajo, adelgazar o cualquier cosa que se nos resiste. La frustración continuada genera un poso invisible, nos va llenando de energía negativa y al final perdemos nuestra alegría y conseguimos que cualquiera que se acerque a nosotros quiera salir corriendo. El motivo es sencillo: nuestro depósito de energía interior está a mínimos y tenemos una vibración baja, es decir, nuestra actitud y fuerza con que vivimos las cosas, impacta en la reacción que tendrá el resto hacia nosotros. Esta relación la podríamos denominar como el principio de vibración positiva: yo estoy bien, el otro tiene más probabilidades de estar también bien (no es inmediata, sino que ayuda enormemente).

Estás de compras y sólo querías comprar un par de cositas o estás en un restaurante y la actitud del camarero o la dependiente, ese entusiasmo que ponen cuando te ofrecen sus productos influyen en tus ganas de comprar más o probar aquellos platos que ni te habías planteado. El principio de vibración positiva se apoya en una premisa: la actitud con la que abordamos los desafíos condiciona los resultados. Hay una frase de Henry Ford que lo expresa maravillosamente: “Si crees que puedes, tienes razón; y si crees que no puedes, también tienes razón”. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Primero, tomar conciencia:  las heridas mal cerradas y la frustración acumulada condicionan enormemente nuestro presente y, si no lo corregimos, nuestro futuro, incluso en aquello en lo que aparentemente no estaba ni relacionado. ¿Te suena lo de levantarse con mal pie? Esos días en los que parece que todo va del revés:  te va mal en el trabajo, llegas a casa cabreada, discutes con cualquiera y, al final, acaban pagándolo con una bronca tus hijos o tu pareja. Sentirnos frustrados en alguna de las áreas de nuestra vida, impacta en otras. Por ello, identifica señales que te advierten que no estás bien como un enfado constante, malhumor o falta de ilusión. Es posible que no lo sepas, pero lo que pensamos tiene conexión directa con lo que sentimos y acabamos haciendo. Haz una lista de cómo te estás hablando para descubrir cómo te está sintiendo.

Segundo, aceptar todas nuestras emociones, también las “negativas” son necesarias: Identifica cuál es la emoción que está sintiendo (o que llevas sintiendo durante un tiempo y no sabes responder) y pregúntate cuál es su intención positiva. ¿Qué hay de bueno en sentirte cómo te sientes? Todo lo que te sucede, aunque sea un nivel muy profundo tiene algo bueno para ti. Busca qué es, puede ser que te dé confianza, que te haga sentir querida, que te haga sentir especial frente a los demás, encuentra qué es.

Y tercero, actúa en consecuencia con lo que quieras hacer. No actúes en caliente, no dejes que la emoción te maneje a ti. Analiza detalladamente los dos pasos anteriores, saca toda la información que tu emoción te viene a decir y elabora un plan de acción acorde a lo que desees para tu vida. Busca espacios de creación de nuevas actitudes: momentos de agradecimiento diario por pequeños que sean, para poner foco en lo positivo y modificar nuestra mirada. Se trata de ir llenando nuestro depósito de energía positiva. Merece la pena dejar de darse golpes contra la pared y obtener los mismos resultados (no sin obtener resultados) y cambiar la estrategia para encontrar una puerta de salida.

En resumen: el principio de vibración positiva se apoya en una idea, atraemos lo que consciente o inconscientemente pedimos, en la medida que nosotros estemos bien, habrá más posibilidades de generar una reacción positiva en el los demás que nos ayude a conseguir nuestros objetivos. Por ello, para salir de los atolladeros, además de crear planes de acción, necesitamos poner nuestro estado de ánimo como una de las prioridades a resolver. Por cierto, no esperes que la figura que se refleja en el espejo te salude antes.